Se acumulan las razones por las
cuales vuelvo a no escribir, a negar esa razón por la cual me he negado a
escribirte, a llenarte de cientos, miles e infinitos caracteres marcados por
las punzadas suaves de las yemas de mis dedos, a expresar sentimientos encontrados
en un laberinto , del cual, debemos buscar la salida.
Te escribo, y te relato mis días,
pero… no lo que vivo, sino lo que siento.
¿Por qué sigo escribiendo?
Dejo llevar mis dedos sobre el
teclado sin pensar en quien influyen mis palabras, quien se siente aludid@ por
este infinito sonido que escucho cada vez que tecleo sentimientos.
Sigo escribiendo…
No tengo palabras, dejo de teclear.
....
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