Sentados en lo alto del acantilado miraban
hacia el horizonte, bañados en la brisa del mar al atardecer, poco a
poco él iba acercando sus rudas y ásperas manos acariciando su suave piel, hasta fundirse en un abrazo cuando
el último rayo de sol terminaba de arroparlos.
Una lágrima caía lentamente por su
mejilla, sabiendo una vez más que perdería a su amado por un tiempo o para
siempre…
- - Cada día tras mi marcha, sube a este
acantilado y recuerda mis cálidos abrazos con la puesta de sol, ya que como él,
volveré para verte.-Le decía él fruncidos en un abrazo.
Tras irse a la guerra, ella cada
día subía al acantilado como él le decía, para decirle un día más adiós al sol,
esperando su regreso.
Pasado un tiempo, en una mañana fría
y oscura, una carta asoma por debajo de la puerta. Ella, temblorosa y con
lágrimas en los ojos se arrodilla para cogerla y leerla:
Hola pequeña, me gustaría que nunca llegase
esta carta a tus manos, que no pudieras leerla o que no supieras que existe.
Siento decirte que he perdido, sí, he caído defendiendo nuestros sueños, para poder cumplirlos una vez hubiese terminado la guerra.
Nunca te abandonaré, nunca dejaré que me olvides, aunque sé que no lo harás, siempre estaré a tu lado, arropándote cada amanecer como el sol cuando baña la tierra.
Siempre seré ese último haz de luz que sale del sol, y que cada día hemos visto juntos y seguiremos viendo.
Seguirás luchando por nuestros sueños, sé que lo harás.
Siento decirte que he perdido, sí, he caído defendiendo nuestros sueños, para poder cumplirlos una vez hubiese terminado la guerra.
Nunca te abandonaré, nunca dejaré que me olvides, aunque sé que no lo harás, siempre estaré a tu lado, arropándote cada amanecer como el sol cuando baña la tierra.
Siempre seré ese último haz de luz que sale del sol, y que cada día hemos visto juntos y seguiremos viendo.
Seguirás luchando por nuestros sueños, sé que lo harás.
Al terminar de leer la carta entre un
mar de lágrimas sale corriendo hacia el acantilado, sus lágrimas se derramaban ràpidamente acariciando levemente sus mejillas; al llegar a lo alto aprieta la carta muy fuerte contra su
pecho.Al nacer el sol, y con él su primer
haz de luz, ella se lanza del acantilado al mar quedando su cuerpo engullido
por las aguas y destrozado por las rocas.
Sus sueños pudieron más que su dolor,
pues su sueño,
era estar toda la vida junto a él.


