Quizá le
dolía ver como la miraba. Le sonaba esa mirada, pero ya ni era igual a la que
se había enganchado.
Su sonrisa, antes era de él, y ahora, ya no le
correspondía.
Sus brazos rodeaban, cariñosos.
Sus manías siempre presentes, y
sus tonterías a punto.
Su pelo, ese que tanto le gustaba tocar, era acariciado.
Quizá fue eso lo más extraño, saber que ahora no le pertenecía nada de lo que
le hacía feliz. Pero se molestó en pensar que esos ojos eran mucho más felices
así, que esa sonrisa era mucho más amplia y sincera. Sonrió, pues le gustaba
verla así, aunque ni siquiera fuese a su lado. Solo le cayó una lágrima, tan
solo una, provocada por la rabia e impotencia de no poder olvidarse de ella.

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